
Comienza la carrera en leve subida buscando la Diagonal, en años anteriores este camino era el
kilómetro 9-10, para evitar embudos y con buen criterio cambiaron el sentido de la carrera al inicio y estos
kilómetros pasaron a ser los primeros.
Sin pausa pero sin prisa me comí los primeros kilómetros en un santiamén y sobre mis mejores previsiones, encontré un compañero de correrías y juntos emparejamos las zancadas.
El ambiente fenomenal, la Diagonal se lleno de sonidos de claxon que para mi sospresa no eran de queja sino con ritmo saludaban a nuestro paso, que grande se ha convertido esta maraton.
Llegando al Camp Nou comente con mi ocasional compañero de viaje la sensación de que más adelante el camino seria duro porque la temperatura a cada paso que dábamos parecía subir grado a grado. No me equivoque lo más mínimo.
Al pasar justo al ladito de la salida y desembocar en la Gran Vía me dije para los adentros que ya no había vuelta atrás. Era el kilómetro doce.
Desde ahí comienza un viaje hasta la otra punta de la ciudad y si tienes la tentación de abandonar este es el lugar más apropiado para hacerlo, sino ya sabes lo que toca...
Enfile con la firme decisión de que desde ese punto no había retorno y aunque las dudas como moscas revoloteaban a mi alrededor con un golpe de decisión las aleje de mi y sin darme cuenta ya estaba en Paseo de Gracia, que se me hizo durisimo.... muy duro.