Creo que comencé a correr por los alrededores de casa hacia el 1989 o probablemente antes. Entonces apenas o yo por lo menos no podía acceder a la variedad de material que hoy uno tiene
Salias a la calle y tenias que esquivar a muchas personas que te miraban mal, algúno hasta te insultaban y aumentabas el ritmo para alejarte los más rápido posible. Entonces hacías kilómetros y kilómetros y no te cruzaba con ningún otro corredor, era un solitario.
No me quejaba y era consciente de mi situación, no esperaba nada de los que me rodeaban y era hasta feliz de poder disfrutar en secreto de aquello que atreves de mis zapatillas saboreaba con fruición.
Cuando muy rara vez me cruzaba con alguno de mi especie levantabamos orgullosos el cuerpo y con un leve gesto de las manos nos saludábamos. Una química especial surgía por el mero hecho de levantar el dedo pulgar y saber que otro de tu especie estaba allá a tu lado
Era un gesto voluntario y nunca me fue obviado y por todos devuelto
Han pasado veinticinco años o más y cuando salgo no me cruzo con menos de tres corredores por sesión, vestidos y emperifollados del mejor material posible, durante veinticinco años he seguido levantando mi pulgar dando y respondiendo a ese secreto misterio que te une a otro corredor, ahora recibo solo la callada por respuesta.
Es una cuestión de modales o de buena educación.
Tan rodeado de runners me encuentro que me doy cuenta que estoy solo
Empiezo a pensar sobres las diferencias de solo y solitario

No hay comentarios:
Publicar un comentario