Como en cada una de las actividades y formas de vida siempre hay algún enemigo natural que atacan el estatus de la actividad que uno hace o la forma de vida de algo o de alguien.
A la cebra que cruza el río en su migración a través de Masai Mara el cocodrilo se lo zampa al cruzar el río a los pájaros migratorios esas enormes ventiladores que se llaman molinos hidroeléctricos con los que ses están llenando la geografía hispánica.
Para el corredor hay varios, los coches y lo perros son probablemente los más peligrosos.
Me centrare en el de los perros, porque siempre estos animales asilvestrados a la vida humana y en el que depositamos ese amor que no repartimos entre los semejantes suelen cargar contra los que vestimos de corto y en zapatillas de deportes, no lo son todos pero la gran mayoría, es una acción natural genética diría pero molesta para el que corre.
Casualmente esto animales les sigue un dueño con la manida frase que tranquilo que no hace nada, a la vez que das un paso y el chucho arranca otra vez a ladrar y a achucharte sin que uno no pueda avanzar. Y el susodicho le vuelve a dar a la cantinela pero el perro sigue que te sigue hasta que o te caes o acabas arañado o magullado por el maldito animalito mientras que el dueño, amo o me callo en el mejor de los casos se disculpa y calla en otros y son los muchos disculpan al can porque es que claro porque corres y lo asustas y en el peor de los casos que te zurzan que hacen ellos con el perro pues sino hacen eso se cagan en casa pues que se joda el corredor porque sigue emperrada/do en que el perro no hace nada.
Y así el correr se convierte en lo más parecido a la historia de la cebra en el río, porque el perro lo ves de lejos como la cebra ve al cocodrilo pero hemos de seguir luego la suerte hace el resto.
La culpa no la tiene el perro, no la tiene el corredor quien la tiene.....

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