Pum todos a correr, empezamos pasan dos, tres diez minutos hasta algo más de veinte minutos tarde en pasar la linea de salida, otro signo del enorme volumen de corredores y de la "grandeza" de la prueba.
Fantástico gente en la salida te rodean a tu alrededor y a correr, estoy al final de la carrera y no voy sólo es fantástico aunque he de decir que el noventa por ciento de mis eventuales compañeros son extranjeros, la filosofía del corredor foráneo es envidiable en vez de correr una maratón esto es una fiesta y así lo trasmiten, es fantástico.
Los diez primeros kilómetros me sirven para calentar motores, me pongo a tono y pienso en lo que me queda, estoy a gusto y sobrio de ansiedad, me pregunto en que kilómetro me surgirá la duda de abandonar.
Una pregunta que segura que me surgirá. Dejamos Sants y subimos hasta la Diagonal, el punto de mayor altimetría de esta maratón. Bajamos hacia el diez ya estamos cuando nos acercamos al diez en nuestra posición natural he alcanzado mi velocidad de crucero y no pienso dejarla hasta el final, pronto llegaremos muy cerca de la salida lo peor que le puede pasar aun moratiniano dudoso o mal preparado. Ningún pensamiento impuro cuando enfilo la calle Tarragona donde guardo mi mochila. Sigo firme y disfrutando de todo lo pasa a mi alrededor porque la impresión en estos primeros kilómetros yo que estoy en carrera no me considero protagonista y creo que las cosas que pasan, pasan a mi alrededor y que yo cómodamente soy un espectador. Me voy hacia la media maratón
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