viernes, 16 de noviembre de 2012

Behovia 2012 vol 4


Desperté gris como el día pero sin rastro de lluvia y baje a desayunar con un cansancio atroz que pereza moverme. Creo que otras veces había desayunado más. Seguro que no eran nervios. Sólo pocas ganas.
Vestidito para la ocasión empezamos la emigración hasta Irun, primero coche hasta las faldas del monte Igueldo, taxi hasta la estación de metro más cercana y luego tren hasta Irun, este iba a rebosar de corredores, gracias al consejo del recepcionista del hotel lo cogimos una parada antes y nos ahorramos unos largos treinta minutos de estar de pie, ya que pudimos ir tranquilamente sentados.
Ya para entonces la lluvia era parte intrinsica del paisaje, llegamos a la estación que nos pertocaba y desde allí a la salida había unos autocares lanzaderas, tuvimos que esperar unos largos diez minutos, cuestión de sensaciones y estos nos llevaron a la salida. Entonces empezó a caer con demasía una lluvia criminal. Comenzaba a oler a épico el día.
Buscamos la consigna para dejar nuestra exigua mochila pero en medio de la lluvia y del desbarajuste de la lluvia decidimos de llevarlas a cuesta. A mi no me toco y a la larga lo agradecí, seguro.
Buscamos un sitio donde resguardarnos, los bares que hay bastantes estaban ocupadísimos y personalmente estaba totalmente desconcertado de donde estaba y no conseguía saber el sentido hacia donde salia la carrera, veía gente correr para guarecerse de un sitio a otro en todas direcciones. 
Hasta que no encontramos un bar, no conseguí saber donde estaba, suena raro pero era así. 
Algo más de media hora para que salieran los primeros y más de hora y media para que me tocara salir, lógicamente desde ese instante tome y tomamos la severa decisión de que no esperaríamos tanto

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