El calor del bar y de los numerosos corredores fueron suficiente excusa para decir que la cola la iba hacer tu tía Salimos diez o quince minutos de la salida de los pross la calle chorreaba agua y esta caía desconsoladamente. Una vez que que salimos y nos centramos nos dirigimos hacia donde queríamos hacer nuestro atraco deportivo, justo pasaba por delante nuestro un grupo de dorsales azules y las vallas estaban abiertas y una voz nos dijo entrar y salir a correr. Y le hicimos caso.
En mitad del grupo entre chubasqueros en menos de tres minutos salimos por la estrecha avenida que es la salida y desde ahí veinte kilómetros que sonaban que serian diferentes. El recorrido el clásico, duro sin descanso sin momentos para el disfrute si eres exigente con la carrera.
Hay entro en juego mi táctica desde el principio tengo la clara convicción de que el recorrido es "asqueroso" y no tenia porque malgastar fuerzas a desgana, desde el momento de la salida decidí disfrutar cada metro mirar a mi alrededor fijarme en el recorrido en pequeños detalles en la multitud de gente que se apiñan en el arcén y que hacen de esta carrera la más grande. No son los veinticuatro mil o veinticinco son cada uno de los que utilizan el domingo por la mañana para animar a unos tíos en calzones.
Estos son lo mejores, estos que te encuentras cada metro y que están allí y no porque la carrera pasa por la puerta de su casa sino porque hay algo que les mueve a ir a lo alto del Azquibel a ver a estos desconocidos que bajo la lluvia intentan superarlo.
Me puse la música a todo volumen y disfrute de cada momento el único inconveniente la climatología pero esto hacia que todo se envolviera de una épica añadida.
Subí el famoso puerto que corona el kilómetro ocho en una enorme y larga curva mientras lo subimos a ritmo de Boss no importaban los que me pasaban, corredores muchos y mejores preparados yo seguía canturreando, justo cuando comenzaba a subir se apaciguo la lluvia y parecía que se iría pero cuando comenzamos el descenso en la multitud de toboganes que hay camino de Lezo comenzó a arrear con brusquedad. Yo iba a lo mio y el agua no era ningún problema cuanto más llovía mas gente parecía que había, sobre eso instante me surgió un pequeño problema inesperado El artilugio que me compre para llevar el móvil que es donde llevo la música molestaba más que ayudaba no se si el agua o la total inexperiencia hicieron que en un par de kilómetros tuviera claros oscuros, dejo de ser un problema cuando me lo eche a la mano. Conclusión los experimentos no se han de hacer en carrera.
Otro pequeño inconveniente pero que sabia que pasaría fue ir despendiendome de las prendas que llevaba, tenia una triple capa de prendas para que el frió al comienzo de la prueba no hicieran mella en mi animo. Sacárselos empapados en aguas no es para tirar cohetes. Pero yo seguía para adelante.
Entre el puerto y los astilleros de Lezo donde tan mal lo pase el año pasado volvió el tiempo a dejar un ventana de tiempo despoblada de agua, esta vez si que los disfrute. Ya nada más quedaba los duros kilómetros finales la subida de Miraflores ya en Donosti, casi genial...

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